27 de febr. 2018

¿Y ahora qué?

España. Qué país.
País con mejor relación clima-comida de todo el mundo. Mezcla de culturas, arte y una fauna y naturaleza envidiable. Con estos conceptos, España debería ser un país idílico para la gente, y se deberían dar de tortas para entrar a vivir. Pues no. Los únicos que quieren vivir son aquellos que huyen de una guerra, del hambre o que valoran algo tan elemental como la vida y en su país ese derecho se convierte en privilegio.
El resto de habitantes quieren marchar. Bueno, no todos, es cierto. Hay algunos colectivos que están a gusto en este país ya que hay unos intereses en común. Estoy hablando de la derecha española, el facherío, los homófobos, machistas y demás calaña social. Éstos son los únicos que están cómodos en un país tan “maravilloso” como España. ¿Por qué? Porque protegen sus atrocidades, tapan sus vergüenzas y enmascaran sus trampas.
Mucho daño ha hecho el Lazarillo de Tormes, donde se ensalza lo que para ellos es una virtud pero objetivamente es un elemento negativo: la picaresca. Aún hoy en día mucho cuñado saca pecho de haber sido “más listo” que el de al lado y aunque parezca que no repercuta en nada las pequeñas acciones de personas individuales, es el claro ejemplo de cómo funciona este país.
Violencia de género sin parangón, desigualdad social (sin olvidarnos nuevamente de la desigualdad de género que sufre la mujer entre las brechas salariales, los techos de cristal, la falta de oportunidades,…) corrupción política al más alto nivel (entendiendo no solo por la cantidad de dinero sustraída sino sobre todo por la impunidad con la que lo realizan o la inmunidad de la que gozan), ausencia de libertades (no hay libertad ideológica ni de expresión, salvo que hagas o digas lo que el gobierno quiere ver o escuchar) Vamos, lo que comúnmente se conoce como una dictadura pero aceptada por el resto de Europa.
No es una buena época para ser de izquierdas en España. Si decimos verdades (y es muy importante resaltar que es verdad lo que se dice) que les molesta, nos encarcelan (ya sea por una canción, una obra de teatro o un simple chiste) Si luchamos por nuestros derechos, nos encarcelan. Si luchamos por hacer un país mejor (y para ello salir de España), nos encarcelan. Como sigan a este ritmo no habrán suficientes cárceles para meternos a todos. Porque yo soy una persona insignificante, pero si tuviera algo de relevancia, este mismo texto podría ser considerado una herejía cuanto menos, y también iría a la cárcel. De algo sirve ser un pobre diablo. Y menos mal que lo publicaré  en mi blog, que no lee ni mi mujer, porque todo y ser un don nadie si se publicara en alguna red social de envergadura, también podrán enchironarme. 
Esa es la situación que estamos viviendo. Ya no es miedo (el miedo te hace reaccionar de una manera u otra, pero intentas evitar esa situación), es pánico. El pánico te paraliza, te bloquea, no te deja pensar ni actuar. Solo quieres hacerte un ovillito y no salir de la cama. Así nos tienen. Pánico por perder nuestro trabajo, por no encontrar una vivienda digna, pánico por expresarnos líbremente, pánico por el simple hecho de ser mujer, … (y no estoy con utopías o sueños inalcanzables, sino derechos que recoge la constitución e incluso los Derechos Humanos)
¿Y qué hacemos para revertir esta situación? Como diría nuestro querido, y ya desaparecido Forges, “Gooool” 

Good Luck!

24 de gen. 2018

Educación

Hoy quiero tocar un tema que me preocupa porque es nuestro pasado, nuestro presente y sobre todo nuestro futuro. La educación. Mezclaré un poco entre la educación en cuanto a buenos modales y la educación canónica sinónimo de aprender. Porque considero que todo va relacionado. Es muy difícil que se haga de forma fluida la segunda cuando no tienes una buena base en la primera. Todo esto sin entrar a valorar las capacidades de cada ser, porque hoy en día sabemos que si no hay algún tipo de dificultad neuronal o emocional cualquier puede destacar en alguna materia, por rocambolesca que sea. 

Partiré ante la premisa que la educación de los buenos modales debe darse desde casa. Punto. Entiendo que en la sociedad de hoy en día, sobre todo en este país, es complicado estar encima de nuestros hijos al 100% ya que los sueldos son tan míseros que tenemos que dedicarle demasiadas horas al trabajo y nos quedan muy pocas para el ámbito familiar. Por eso solemos cargar el peso de algo tan importante en familiares, que si bien lo hacen con todo el cariño del mundo, no olvidemos que los padres/madres somos nosotros/as y esa tarea nos corresponde por derecho. Ante este panorama delegamos la educación a que se haga desde la escuela, pero imaginad esos profesores que tienen que enseñar unos conocimientos específicos a 25 niños/as que prefieren estar en otro lado y a la vez, darles unos valores para que el día de mañana sean personas de provecho. Es una locura y temporalmente inviable. 

Hace años fui a una conferencia del gran pediatra Carlos González y para mi ha sido el referente en cuanto a crianza para mis dos hijos. Cuando fue a nacer el primero (Joel) estaba ultramotivado. Me leí cerca de 10 libros de crianza feliz, saludable, etc… todo desde mi perspectiva escéptica habitual y aprendí mucho, pero el único libro que podría recomendar es el de este pediatra (si no recuerdo mal se llama “bésame mucho”) y en un resumen muy rápido decía: SENTIDO COMÚN. Nada más. Sentido común si ves al niño que le pasa tal o pascual. El resto de libros que me leí se jactaban de tener la solución para la crianza perfecta. Y todos daban opiniones como si fueran dogmas. “Si llora no lo cojas, que se acostumbra”, “cógelo antes de que llore porque sino le generas un trauma de por vida”, … Todos se contradecían en uno u otro punto pero el de Carlos estaba escrito como si lo hubiera hecho una matrona con 20 hijos y todos hayan salido bien y felices. No había en ningún momento alguna señal alarmista o pasota. Solo que recurriéramos al sentido común. Ejemplo obvio: Si el niño se cae andando, mira si se ha hecho sangre antes de alarmarte porque puede que tu preocupación sea contraproducente. Si ves que se ha abierto la cabeza, ves rápido y alármate. Sentido común. Analiza la situación e intenta ser lo más objetivo posible, que parezca que controlas lo que te rodea. Así crecerán sanos y seguros. Pues bien, algo tan obvio como ese consejo no se dan en otros libros sino que incitan a dejarlo llorar para que se haga fuerte o llevarlo siempre en brazos para que jamás le pase nada. ¿A qué parece un comentario absurdo? Pues no sabéis la de gente que aplica los “conocimientos” de estos libros.

Pues bien, volviendo a la conferencia de este señor, nos explicaba que cuando él era pequeño sus padres no tenían mucho dinero. Pero tomaron una decisión. No vamos a trabajar más para tener más dinero sino que ese tiempo que iban a destinar al trabajo, se lo dedicarían a sus hijos. Por lo tanto tenían lo justo pero una vida familiar completa. Con ese tiempo podían educar a su antojo a sus hijos y dejar la escuela solamente para asuntos académicos. Hoy en día es difícil tomar esa decisión porque estamos inmersos en una sociedad totalmente consumista y “necesitamos” de todo para ser felices, sumado a los sueldos paupérrimos que tenemos hace que pasemos grandes jornadas en nuestro puesto laboral y pocas en nuestro puesto familiar (y hay que destacar que el estrés no es como el de antes, por lo que seguramente le tengamos que dedicar más horas al descanso y la desconexión, con lo que se reduce aún más el tiempo para estar con los nuestros) Creo que sus padres eligieron una filosofía de vida bastante válida y a mi forma de ver el mundo, muy coherente. Al fin y al cabo, esos chiquillos no han tenido carencias que hoy en día puedan ocasionar ningún déficit para formarse como personas válidas. 

A mi me encantaría tomar esa filosofía de vida, pero no soy ajeno a este mundo y me es difícil. Mi mujer trabaja media jornada (con lo que su salario también está reducido a la mitad) y yo tampoco es que cobre una barbaridad. Nos hemos metido en una hipoteca con lo que el dejar de cobrar no es una opción, pero sí que intento dedicarle el mayor tiempo que pueda a mis hijos para que en su colegio tengan que dedicarse únicamente a la educación en cuanto a conocimientos porque los valores intentaré que los lleve de casa asumidos. No es tarea fácil porque soy una persona algo egoísta y tengo necesidades individuales (hacer deporte, descansar, desconectar viendo basket o charlando con algún amigo) pero intento estar todo lo que no es laboral o descanso con mis hijos. Y se está notando. El vínculo que tengo con el mayor es algo precioso y espero que con Pol también me suceda (deberé usar aún más tiempo para estar con ellos porque tendré que dividirme para no desatender a Joel) 

Al final hemos conseguido entre Irene y yo que Joel sea una personita con buenos modales, tranquilo y seguro, risueño, amable y pacífico. Es inteligente y simpático. Comparte sus juguetes y no tiene problemas en mostrarnos su cariño y afecto. Todo esto, sin duda, es una mezcla entre su personalidad y nuestras enseñanzas (en el 90% de los casos mediante la imitación al ver que nosotros somos así con el mundo) Hay una película que recomiendo encarecidamente que aunque sea infantil, el público real al que está dirigida es el adulto. Se llama “Inside Out” (del revés) y trata sobre las emociones que hay en el cerebro de una niña pequeña y cómo evolucionan a medida que va creciendo. De manera simplista organiza el cerebro en “islas” donde cada una de ellas se dedica a un tema en concreto. Está la isla de la familia, la de la amistad, la de las tonterías,... Y a medida que la niña tiene vivencias se incrementa o se destruye parte de estas construcciones (como si del juego Sim City se tratara) El caso es que al llegar a la adolescencia, la isla de la familia se va apagando porque se da cuenta de que no todo es oro lo que reluce entre sus padres (problemas, seriedad, castigos,...) No quiero destripar más la peli pero quería comentarlo para recalcar que no es muy diferente a cómo funciona nuestro cerebro, y esas horas que pasemos con nuestros niños, con las vivencias que generemos, etc… Haremos una isla lo suficientemente sólida para que en los momentos de vacas flacas pueda mantenerse en pie. Y son en esos momentos donde ayudamos a nuestros/as hijos/as a formarse como personas, dándoles entre otras cosas, una educación que les abra cualquier puerta



Good Luck!

22 de nov. 2017

El Parto II

Este embarazo fue distinto. Irene no pudo estar mucho por “disfrutarlo” ya que había una tercera personita que reclamaba esa atención. Ya hice un par de entradas sobre Joel, pero en este embarazo no he hecho nada (más bien casi no he puesto nada de nada en todo este tiempo porque he preferido disfrutar de nuestro hijo) pero no quería que Pol (que así se llama el nuevo elemento de la familia) quedara en el olvido, porque estoy convencido que padeceré Alzheimer prematuro y al menos podré leer en unos años aquello que escribí cuando aún no me orinaba encima.

Nuevamente ha sido un embarazo de peso, pero esta vez Irene no se tiraba en el sofá a ver series, ir al gimnasio a hacer piscina e intentar relajarse. Joel no se lo permitía y como está hecha una jabata, puede con todo. Así entre una cosa y otra han pasado 9 meses sin darnos cuenta y de repente ya lo teníamos aquí. El día que pasaríamos a ser una familia de 4 miembros.

Como venía muy grande, rápidamente hicieron el control desde el Hospital Can Ruti en Badalona. Todas las pruebas eran correctas (por más que se empeñaran las comadronas y ginecólogas en repetirle la prueba del azúcar hasta 3 veces porque estaban convencidas que era diabetes gestacional) Que no!! Que hacemos niños grandes y guapos y punto. No hay diabetes por ninguna parte. Al realizarle una cesárea forzosa con Joel y, porqué no decirlo, fue tan mal el parto, no se quisieron arriesgar y programaron cesárea para Pol también. Y al final nos dieron fecha. Un 30 de Octubre. Curiosa fecha, sobretodo para mi familia, ya que el mismo día es el aniversario de mi tío, del tío de mi tío, … Y EL MÍO. Asumo que me quedaré sin cumpleaños el resto de mis días pero no es algo que me importe demasiado.

Al fin llegó el día. Vaya noche de nervios. Nos levantamos a las 7 para estar a las 8 en el hospital y mi mujer me felicita con un beso muy dulce. No podemos negar que estamos preocupados porque no deja de ser otra operación. Ducha y hacia el hospital con el coche. Allí nos atienden rápidamente en el mostrador y nos hacen pasar para cambiarnos de ropa. Irene se ducha otra vez con el jabón especial que le dan y se pone la bata blanca, mientras que yo también me quito la ropa para ponerme el pijama azul. Esta vez podré estar al lado de Irene en el nacimiento de nuestro hijo.

Hay pocos box ocupados y nos dejan en uno que estaba precisamente al lado del que estuvimos cuando Joel. Nos vuelven los recuerdos. Aunque esta vez, no solo es menos rato, sino que no hay dolor de contracciones. Como no es una cesárea de urgencia nos dejan un rato mientras el quirófano se está siendo usando y/o limpiando. Al poco se llevan a Irene y me dejan a mi en el box. Allí le ponen a ella la epidural y la preparan, mientras yo espero con cara no saber bien qué hacer, viendo pasar enfermeras, comadronas, … todas atareadas y yo como un pasmarote. Al final sale un celador, me pone bien el tapabocas de hospital (me lo había puesto del revés) y me hace entrar en el quirófano. Allí estaba ella, en la camilla y ya había empezado a ser intervenida. Le estaban cortando y la sala olía raro. No puedo decir que oliera de forma nauseabunda, pero lógicamente tampoco sería el perfume que escogería. Me acerco a Irene y sus primeras palabras fueron “huele a pollo” Ya está, no necesito más que un segundo a su lado para que se vaya la preocupación y llegue a mi una sonrisa.

Intento analizar la situación. La cantidad de médicos que habían, no tocar ningún cable (estaba rodeado), sentarme sin moverme donde me habían dicho (justo en la cabeza de Irene, así yo tampoco podría ver lo que le estaban haciendo). Escucho de repente algo que reconozco. Es Manolo García reproducido en un ordenador de los años 70 con lo que parece Windows 98. Keep it Cutre como diría Ignatius Farray. Me dice Irene que le han preguntado qué quería escuchar y es lo que le ha pedido. Me parece perfecto. Es una buena entrada a este mundo. Intento no hacerle mucha broma para que no se mueva, todo y que está con la epidural. Yo quiero ser un elemento más del quirófano, sin molestar. Me cuesta no hacerme el gracioso en estas situaciones de nerviosismo, pero creo que lo conseguí. No dejo de prestar atención a las caras de los médicos por si pueden revelarme cómo va el proceso pero no veo ninguna mueca de preocupación, cosa que me relaja bastante. Hay una comadrona que no hace nada más que tocar un par de botones y darnos ánimos. Considero que ese trabajo es igual de útil que los médicos que están cortando, ya que al fin y al cabo somos humanos y necesitamos saber que la cosa va bien para poder mantener la calma. Esta chica hizo muy bien su trabajo.

Después de un rato que para mi fue eterno pero objetivamente no fue más de media hora desde que yo entro en quirófano, nos dice el médico “ya lo tenemos aquí” y “es muy grande” Eso ya lo sabíamos. Pol saca la cabeza y ya llora. Eran las 10:35 y sonaba San Fernando. Aún tiene todo el cuerpo dentro de Irene y ya demuestra la potencia de pulmones. Cuando consiguen sacarlo del todo (después de mucho esfuerzo y meneo del estómago de Irene) lo asoman por encima de la sábana como si fuera un teleñeco, lo bajan y se lo ponen junto a la cabeza para que pueda verlo. Está sucio y morado pero aún así nos parece precioso. Se lo llevan 10 segundos para limpiarlo, hacerle unas pruebas y me dicen que si quiero hacer el piel con piel. Anda que tardo en desabrocharme el pijama y dejar el pecho abierto para acoger a Pol. Ahí lo tengo durante 20 minutos que a mi me parecieron 20 segundos (que curiosa la relatividad del tiempo) hasta que dicen que tienen que acabar de cerrar bien a Irene, por lo que Pol y yo nos vamos a otra sala donde juntos esperamos a mamá. No me acordaba ya de cómo se coge a un bebé tan pequeño y frágil. Pero parece que es como montar en bici, a la mínima que tienes que hacerlo es un movimiento automático. Al rato (ya no voy a decir si me pareció mucho o poco porque ni me acuerdo) traen a Irene en la cama para que pueda cogerlo ella y ponérselo al pecho. ¿Cómo es posible que con esa cara sudada, dolorida, cansada, … esté tan guapa? Le coloco a Pol encima y parece que se engancha bien. Ahí estamos un buen rato, mientras se van llevando a Pol para hacerle algunas pruebas (que pesados con el azúcar) y nos lo volvían a traer.

Al final bajan una cama para llevarse a Irene y a Pol a la habitación. Yo tengo que ir por otro lado por lo que me cambio de ropa, recojo todas las cosas de Irene, busco a su madre que esperaba en la sala de ídem y subimos todos a la habitación. Sin duda una experiencia completamente diferente a la anterior. Ni esperas, ni dolores, ni miedos (más del normal), con Pol en brazos en casi todo momento, … En fin, mucho más natural (paradójicamente porque fue una cesárea programada) que lo que ocurrió con Joel (con él quisimos parto natural, arrullados por cantos de delfines en una piscina de lágrimas de sirenas y fue precisamente lo contrario)

Ya en la habitación, estar en todo momento con nuestro niño en brazos, fue todo un regalo. Que bien salen las cosas cuando salen bien. Yo por mi parte pude estar menos con Pol porque tenemos un pequeño de casi 3 años que necesita de nuestra atención, cuidados y no entiende que por primera vez en toda su vida, su madre no ha dormido junto a él. Pero debo decir que es un amor. Ha sido comprensivo, cariñoso y un cielo tratando a su madre (que podría haberla rechazado por sentirse desplazado) y a su hermanito (obviarlo por quitarle protagonismo) Nada de eso ha sucedido. Todo han sido besos, buenas maneras y tranquilidad. Quizá por toda esa situación (sumado a que mi mujer es una inconsciente y/o tiene la fortaleza de una semi diosa) a los 2 días (si nació un lunes por la mañana pues el miércoles) ya estaban los dos en casa con nosotros. Nos reunimos la familia en casa y ahí empieza la verdadera aventura de criar a 2 criaturas de la mejor manera que sabemos, intentando que la isla de la familia (Inside Out) sea la fortaleza más inexpugnable que existe.

Good Luck!!

Lo siento

Como he escrito infinidad de veces, uso este blog como desahogo, ocio o lo que me apetezca por lo que no tengo ninguna continuidad si todo está dentro de los parámetros que yo considero correctos. Es cierto que me gustaría tener una rutina para escribir ya que me relaja y me sitúa con los pies en el suelo, pero si no tengo la necesidad puedo pasar varios años sin actualizarlo o todo lo contrario, escribir 5 entradas en una semana sobre temas completamente banales (películas que he visto o cualquier otra mierda) Pero hoy me siento mal y considero que la situación está tan contaminada que necesito limpiarme y de ahí que reabra el blog, años después.

El tema no es ni la situación de Catalunya (que hay tela también) ni siquiera el nacimiento de mi nuevo vástago (lo más importante que me ha pasado en estos últimos 3 años. Supongo que cuando esté menos enfadado podré tocar el tema y escribirlo como hice con Joel para tenerlo guardado) sino que es una realidad que me duele, me avergüenza y me enfada a partes iguales. Quiero hablar del machismo, de la autoridad del hombre sobre la mujer, de la involución de la especia humana que sigue haciendo, permitiendo y obviando atrocidades como las que están sucediendo en estos tiempos. No es que en estos últimos años no hayan habido asesinatos, maltratos o vejaciones hacia la mujer. No es que no me haya indignado hasta ahora o que haya abierto los ojos de golpe al ver el mundo que me rodea. Pero si es cierto que hasta ahora no me había sentado a relajarme para escribir algo. Ha sido en el momento en que he usado un instante de mi tiempo para poder escribir cuatro chorradas para volver a tocar con los pies en el suelo de la felicidad que estoy viviendo dentro de mi hogar cuando me he dado cuenta que no puedo relajarme. Intento escribir cosas banales pero no estoy cómodo. Estoy en ese momento previo de haber bebido o comido en exceso y sé que lo mejor que puede venirle a mi organismo es vomitar. Vomitar todo lo malo y de ahí la apertura del blog nuevamente. Necesito vomitar. Y sois vosotros quien me hacéis vomitar.

Nunca jamás he tenido duda de mi hombría. Además he sido siempre un hombre de manual (competitivo hasta el punto de jugarme la salud para ganar, con la necesidad de demostrar que meo más lejos que mis compañeros, tirando de testosterona más que de cerebro para conseguir ciertas cosas en la vida, asumiendo riesgos innecesarios con tal de subir la adrenalina para sentirme mejor, etc...) pero me avergüenzo de mi género en general y de aquellos que usan su poder físico para someter a la resta en particular. ¿Pero qué cojones os pasa? Ya no podía delante de los micro machismos que tan asumidos están en esta sociedad (lenguaje, ropa, juguetes,...) para que ahora estemos en una situación tan crítica a nivel de igualdad. Y digo ahora por decir algo, ya que la cosa no viene de este mes, este año, ni siquiera de este siglo que entró hace 17 años. 

¿Han tenido que ser temas mediáticos para que nos demos cuenta de la realidad que viven miles de mujeres en todo el mundo? ¿De verdad éramos capaces de mirar hacia otro lado cuando leíamos o veíamos como un hombre  gritaba y/o humillaba a una mujer en el metro? ¿Éramos capaces de mirar hacia otro lado y no decir nada ante comentarios de borracho de bar cuando pasaba una mujer y le soltaba improperios del nivel “mira la zorrita esa, uff lo que le haría” o “ya te vas? eso es que no le pegas suficiente a tu mujer. Yo a la mía para que esté contenta le he ampliado la cocina”? Y ambos ríen como si fuera un chiste del mismísimo Chiquito de la Calzada (DEP) ¿De verdad éramos capaces? Tenemos la misma culpa aquél que lleva a cabo ese tipo de actos o comentarios como el que lo permite. 

Cierto es que nuestro cerebro es como una masa de plastilina, que recién comprada (al nacer) está fresca, voluble y podemos modificar a nuestro antojo lo que queremos, y que a medida que pasan los años y adquiere cierta forma es más difícil cambiarlo ya que se va secando. Difícil pero no imposible. Por lo tanto estamos ante una tarea tremendamente difícil cambiar la mentalidad de las personas más mayores. Pero éstos no son los que me preocupan. Me preocupa “gente” como los de La Manada, me preocupan sus defensores, me preocupa ese padre que le dice a su hijo “deja el rosa que es de niñas”, “no llores que te amariconas”, … Eso me preocupa porque yo en realidad creo que podemos cambiar esa sociedad, pero no de forma pasiva, tenemos que hacer algo. Yo ya lo intento con mi hijo. Él elije sus juguetes, su ropa y su forma de ser. Intento no condicionarlo, pero es una lucha a contracorriente. Mi propia familia se empecinó en comprarle la ropa de color azul porque es un niño. En traerle una pelota. Hasta que ha podido elegir, los juguetes que tenía eran aleatorios. Carrito con bebé todo rosa, guerreros, cocinita, pelotas… Y si tuviera la capacidad para hacer una valoración de estos 3 años estoy seguro que se sentiría feliz por las cosas que ha hecho, independientemente de con qué a jugado. Si mi hijo ahora de repente crece 20 años y marcha de casa, no entendería la vida en pareja con un hombre en el sofá y la mujer en la cocina. Porque no lo ha vivido. En mi casa cocina quien tiene más tiempo, limpia quien está en casa y si coincidimos los 2, lo hacemos entre los 2. Punto. En ningún momento podrá decir que doblar la ropa es cosa de mujeres, cocinas o limpiar lo tiene que hacer “ella” (todo esto suponiendo que es heterosexual, que ya veremos qué inclinación sexual tiene. Pero como estadísticamente la violencia suele ser mayoritaria de “macho” a “hembra” en términos biológicos, pues hago esta hipótesis desde este punto)

No veo la manera de poder colaborar más en una sociedad menos injusta (me da rabia que se pida igualdad cuando lleva tantos años de desigualdad. Es como querer equiparar sueldos y después de tantos años cobrando el doble ahora se igualen. Considero que debe haber una compensación por todos los años de ir por detrás) Solo puedo pedir disculpas por parte la parte que me toca como hombre y prometer que actuaré en consecuencia para que en mi presente, en mi futuro y en el de mis hijos hagamos una sociedad más estable, criticando ante comentarios machistas, mostrando mi repulsa de forma activa ante actos las agresiones y educando a mis hijos para que él se avergüence y actúe como debe hacerlo ante casos de este tipo si se dieran cuando sea mayor.

Que espero que no haga falta.

Good Luck!! 

13 de nov. 2015

El Parto

Hoy hace un año que nació nuestro pequeñajo. Un año intenso, lleno de emociones, noches sin dormir y muchísima felicidad. Y para emociones las vividas hace 365 días, que en su momento registré y hoy las pongo de forma pública. Todo está escrito desde mi nerviosismo, y sobretodo, desde mi punto de vista. Ahí va:

Miércoles 12 de Octubre. Visita rutinaria en Can Ruti al ya haber cumplido el plazo previsto de parto. Nos hacen la revisión estándar, que consiste en 20 minutos de corras con como máximo 2 contracciones, un tacto para saber cuánto está dilatado el cuello del útero (nada y menos. 1cm) y ecografía para ver cómo está de líquido amniótico, cómo le llega el riego de sangre al cordón y cómo se encuentra el bebé. Todo perfecto. Joel no sale porque está muy a gusto y no lo necesita. Nos dijeron que si no había parto natural nos lo tendrían que provocar, dándonos el Lunes 17 como fecha tope. Hablando con la ginecóloga le comentamos que si está tan bien, y nos van a provocar el parto, si no lo pueden hacer antes. La mujer pone rostro pensativo, marcha 1 minuto de la sala de ecografías diciendo “ahora vengo” y 59 segundos después asoma la cabeza por la puerta y pregunta “¿Qué hacéis mañana?” Contestamos de forma inconsciente con un hilillo de voz “perfecto”. Con esta respuesta nos programa visita para el Jueves 13 a las 8:30, por lo que nos toca pasar todo el día con los nervios de que ya mañana ingresamos en el hospital.

                Sinceramente no ha sido el mejor Miércoles de nuestras vidas. Acongojados por la inminencia del parto, no somos capaces de pegar ojo en la siesta (y eso que estábamos realmente cansados)

                Haciendo un pequeño punto y aparte, este nerviosismo hace aflorar mi gran capacidad comerciante, y cerré en menos de 5 minutos los futuros seguros del coche y de las dos motos, dejándolos en un montante de 560€ por los 3 vehículos, con unas coberturas más completas de las que jamás he tenido.

                Ya volviendo al tema que realmente nos ocupa. Las horas iban pasando muy lentamente. Aprovechamos para subir a casa de mi abuela a recoger unos regalos que nos había mandado su hermana Gloria (de las Navas de San Juan). Era un conjuntito para Joel: jersey, manoplas y gorro al estilo mujeres del lejano oeste. En realidad era una currada, muy bonito (si estuviéramos en la I República), pero no pertenecía a esta época. Aún así creo que le podremos sacar algo de partido y usar el jersey con unos tejanitos. Quedará muy chuleta. También nos pasamos por casa de mi tía Nuri donde nos encontramos otro presente, otra prenda de ropa. Pero éstas ya de este siglo. Un pantalón y camiseta chulísimos y un anorak precioso para ir a la nieve. Aún no ha nacido y ya está hecho un montañista. Ya en casa, cenamos lo que pudimos y fuimos pronto a la cama con la intención de descansar más. Qué ilusos. Mirando al techo hasta que nos rendimos a nuestros nervios y decidimos (más bien lo hago yo) poner un partido de la NBA. Al menos  a Irene le sirve para aburrirse y se duerme. Vamos, que en total habremos dormido 2 o 3 horas como mucho.

                A las 7h. suena el despertador. Es hora de levantarse. Como siempre nos levantamos de buen humor, pero esta vez con esa sonrisa inquieta similar al despertar previo de irse de viaje, aunque un poco más profunda. Hacemos un gran acicalamiento, nos vestimos, y sin desayunar (orden expresa de la ginecóloga) marchamos a Can Ruti. Nuevamente una odisea para aparcar(a ver si el parking lo suben 2 o 3 plantas para que no haya estos problemas). Logramos dejarlo bien aparcado y entramos en maternidad. Recogen datos y nos hacen pasar a urgencias, donde le realizan una exploración. En ésta, pierde el tapón mucoso (eso en principio es buena señal). Le hacen ducharse y pasar a un box, mientras yo tengo que dejar mi ropa y ponerme un  pijama anti-ébola azul para no contaminar las zonas estériles del lugar. El box es una habitación chiquitita, cerrada por una cortina donde hay muy poquita cosa: una cama, varias máquinas que hacen “Pii” (entre ellas la de los monitores) y una silla para el acompañante. Estamos en la número 8. No es que sea importante el cómo es o el número en cuestión, pero pasamos tantas horas ahí dentro que forma parte vital de la experiencia del parto. Ahí dentro es donde monitorizan a Irene y le ponen el Propess (medicamento hormonal). Se llega a dormir debido a pasarnos la noche anterior en vela. Mientras, yo estoy ahí como un papanatas sin poder hacer absolutamente nada y en un papel tan secundario que podría definirse como figurante. La cosa no avanza y parece que va para muy largo. Salgo a ver a mi madre que lleva en la sala de espera un par de horas. Me ha traído un bocadillo de jamón. Que buena es mamá. Le comento que nos lo debemos tomar con mucha filosofía, porque la cosa está estancada. Vuelvo dentro y más horas de monitores, juegos con la pelotita pélvica y sueño eterno.

                A las 14h. dicen que en 1 hora le volverán a hacer un tacto para ver cómo está, y depende el diagnóstico, podrá comer (por culpa de la ginecóloga de ayer, ha estado pasando hambre de forma innecesaria) Yo aprovecho esa hora que le dan de margen para irme a la cafetería del hospital y meterme entre pecho y espalda un menú de 8€: fideuá, pollo y yogurt de La Fageda, más café con leche. Ahora si puedo afrontar más horas de espera. Nuevamente vuelta para dentro. Con esto, cada vez que salía del box tenía que quitarme el pijama azul, guardarlo en mi taquilla y ponerme mi ropa. Vaya jaleo, porque justo he decidido ponerme las bambas que más tardo en atar y desatar. Tanto que la última vez pensé “ya que me obligan a ponerme los patucos verdes, voy sin bambas solo con ellos puestos y así no tardo tanto” Joder, no he dado ni 10 pasos cuando un celador me llama la atención para que me ponga las bambas. Por lo visto es preferible ir con bambas y patucos, corriendo el riesgo de que éstas hayan pisado una mierda, a que vaya con los patucos y calcetines. En fin, las normas son las normas, y no me parecía tan opresivo como para aplicar la desobediencia civil.

                Pasamos otro rato de monitoraje (la relación de tiempo cuando digo “otro rato” comprende la franja horaria entre 2 y 6 horas, aunque el hastío es el mismo para ambas) y nos comenta la comadrona que como está tan verde, sería mejor que siguiéramos la evolución en una habitación de planta. Esa idea sí que nos atrae más, ya que yo tendría un asiento mejor, estaríamos más tranquilos (se me ha olvidado decir que en una de las etapas del box, en el cubículo de al lado, había una mujer que o no le hacía efecto le peridural o necesitaba una dosis de elefante. Sufría unos dolores que la oíamos gritar y lamentarse sin parar, pasando del leve quejido “Ay!, Ay!” a hablar alguna lengua muerta y con voz gutural mientras su cabeza giraba. Bueno, esto último me lo he inventado, pero era el escenario más plausible) Al fin llegan con una silla de ruedas y la suben a la habitación 2405 donde nos instalaremos (yo tengo que seguir el protocolo de quitarme el pijama anti-ébola, ponerme mi ropa y subir los bártulos a la habitación) La verdad es que se nota la diferencia entre un sitio y otro. Aquí lo primero que hacemos es coger las dos butacas, poner la mesa en medio y sacar las cartas. Anda que hemos tardado! Encima podemos recibir visitas, así que cuando Jose tiene que venir a por el justificante para la empresa, se sube a Lola y Pepe para que vean a Irene. Nos quedamos juntos hasta las 21h, ya que volvemos a bajar a nuestro “hogar”, el box de dilatación. Más correas, más tactos, más pelota, …

                No sé si ponerlo en un punto y aparte o ir recordándolo en cada momento, pero al revisar y ver que no lo he hecho, lo escribo ahora. Personal de Can Ruti: Cuántas personas pueden pasar por nuestro parto? Ginecólogos, comadronas, enfermeras, auxiliares, celadores, limpieza, administración, … Generalmente escuchamos la frase “ojalá te toque al ginecólogo X, es un amor”, “o la comadrona Y, es muy maja”, … Habremos conocido como 10 ginecólogos distintos, todos los turnos posibles (mañana-tarde-noche-fin de semana) y de verdad nosotros no podríamos desear que te toque ninguno en particular. Solo podemos decir “vente a Can Ruti”. El personal de aquí debería cobrar 3 veces más que el resto, ya que la alegría, la atención, el trato y el cariño recibido debe estar compensado económicamente con creces. Sino no se explica. Bueno si, siendo unos profesionales como la copa de un pino y a parte muy humanos y empáticos. Da rabia pensar que quizá esa enfermera que le deseó suerte a Irene después de mirarla y darle un beso o aquél ginecólogo que estuvo ante todas nuestras dudas con una sonrisa, comprensión y palabras dulces, quizá aún les deban la extra de verano o un 25% de su nómina todos los meses por culpa de incompetentes políticos que solo son capaces de mirar 4 años vista y con los ojos puestos en un beneficio personal. No, estos políticos no se merecen la sanidad y los profesionales que tenemos. Sacan pecho de lo bien que va después de cerrar una planta e incluso hospitales, no invertir en investigación y un larguísimo etcétera. No me quiero extender más (ya lo haré en otro momento con datos concretos) y me centraré en lo que nos ha pasado. Simplemente resumiré esto en un 10 para los profesionales de partos de Can Ruti.

                Lo dicho, hora y media más en el box (que con la tontería ya eran las 22:30. Llevábamos 14 horas en el hospital de las cuales 0 eran de parto. Todo era trabajo pre-parto) En ese rato sí que se hizo un gran trabajo a nivel de contracciones, tanto como para valorar quedarse ya y empezar el trabajo de parto, pero como la dilatación era poca (no pasaban 2 dedos aún) deciden que volvamos a planta a seguir con las contracciones ahí tranquilamente, cenemos y descansemos. Mañana será un día duro. Añadir que al finalizar el día, uno de los ángeles con bata blanca le trajo a Irene una manta eléctrica, y el nivel de alivio fue sublime. Se le descontracturó la espalda y como mínimo pudo respirar. Así Irene pudo dormir un poco y descansar porque el día siguiente sería más largo, más duro y sobretodo, más importante.

                Nos despiertan (si si, nos despiertan, porque llegamos a dormirnos un buen rato. El cuerpo, que es sabio, decidió descansar al saber lo que le esperaba) y volvemos a bajar al box de dilatación. Le ponen los monitores para seguir controlando las constantes de Joel y el nivel y número de contracciones. Después de un primer tacto si nada nuevo al frente, los médicos deciden romper la bolsa, que por lo visto tiene las mismas hormonas que el Propess (el medicamento que le introdujeron el primer día) Largo rato de espera y parece que va haciendo efecto. Una contracción, otra, ésta con más dolor, otra más, … Parece que el trabajo de parto ha empezado. Cada vez le duelen más, las horas pasan eternas. Hay un momento que son tan fuertes que deciden ponerle la epidural. No es la walkinperi esa que puedes andar y bailar flamenco, pero sí te puedes mover, hacer fuerza, etc.. Ya no son como antes que era una anestesia local y se te dormía toda la zona. Ahora sientes una presión, pero desaparece el dolor. Es genial. En estas cosas es donde se tiene que invertir el dinero y no en “Ciutat de las Arts” de Valencia que se convierte en edificaciones abandonadas, aeropuertos fantasma como el de Castellón o en plazas de toros (ya no hablemos el que se llevan calentito a Suiza, que me enciendo) La cosa avanza muy pero que muy bien. En el último tacto pasó de 2cm de dilatación a 7cm. Joder, ya podían haber roto la bolsa ayer, que es mucho más efectivo que el Propess (y no te creas que es mucho menos invasivo, porque cada vez que se le salía, se lo metían hacia dentro y casi se lo atan a la campanilla) Los médicos están esperanzados porque en el nuevo tacto está de 9cm. Creen que en breve Joel se moverá para tirar hacia delante. Y tuvieron razón. Joel se movía, se agitaba, y se encajó de tal manera que pinzaba la cadera de Irene tan fuerte que le hacía llorar de dolor a la pobrecica. Ella no podía más. Eran las 18h de la tarde. Estaba pasando mucho dolor, porque entre las contracciones, la espalda y la cadera no se podía mover ni estar quieta. Sus súplicas y llantos de “no puedo más” me destrozaban el alma. Es una sensación de impotencia total, al ver sufrir a quien más quieres sin poder hacer absolutamente nada. Solo podía calmarla, decirle que era normal que le doliera, pero que ella era muy fuerte y lo podía aguantar (cosa cierta porque me decía “he llegado a mi límite” y seguía así sin calmantes ni nada 2, 3, 4 horas…) Nuevo tacto. Tenía ya toda la zona infladísima, llena de dolores. Los médicos cuchichean entre ellos. Eso no me gusta nada, que medio comenten algo y le haga una señal de “hablemos fuera”, solo hace que se me salga el corazón por la boca. Pero claro, no me puedo ir a ver qué pasa. Irene me tiene enganchado por la mano y ella me necesita. Yo sigo ahí, sin dolores pero con una sensación intensa durísima. Al final vuelven y nos comentan que Joel viene muy grande. Pero muy grande de verdad, y está puesto de tal manera que no va a caber por el canal de parto. Le dicen a Irene si es capaz de aguantar ¾ de hora más para hacer una nueva valoración, por si ha evolucionado, sino habrá que hacer cesárea. Mira, que quieres que te diga, es cierto que al principio queríamos un parto natural. Sabemos que debe ser así y que generación tras generación los han parido y a las pruebas que aquí estamos me remito, pero entre que ya no era natural porque Joel no quería salir y se lo indujeron, los dolores eran tan fuertes que le pusieron la epidural, etc… la idea de la cesárea fue casi un alivio. Es cierto que es una operación, pero ya está sufriendo mucho y si dicen que es tan grande que va a tener problemas (más) para salir, pues adelante. Media hora más tarde (Irene aguantando como una jabata) llega un señor mayor y bajito, rollo Fullet Tortuga, que era el jefe de ginecólogos de Can Ruti. Él debía valorar si se hacía cesárea o no, y al hacerle el tacto (medio segundo tardó) dijo: “Si, lleváosla que le hago la cesárea” Menos mal. Le ponen más drogaina de la buena y se la llevan a quirófano, donde yo no puedo entrar.

                A mi me dejan en una sala a la espera de ver cómo va todo. No me podía ni sentar de los nervios. Veía pasar doctores para dentro, doctores para fuera, pero no me decían nada. Se hizo eterno. Y eso que solo fueron 15 minutos. El cuarto de hora más largo de toda mi vida. Cuánta razón tenía Einstein al decir que el tiempo era relativo. Yo creo que su teoría de la relatividad la descubrió mientras su mujer estaba de parto. Cada minuto eran 60 segundos de angustia y preocupación. Hasta que lo oí. De repente dejé de escuchar a la gente que había a los lados, las máquinas y a mi propio corazón. Mis sentidos solo estaban pendientes de aquél llanto. Es muy curioso pero a nadie le gusta el llanto de un bebé (y si a alguien le gusta es que es un monstruo), pero precisamente “ese” llanto es el que más feliz te hace. Salió uno de los médicos y me dijo “¿lo escuchas? Enhorabuena papi” Yo solo podía preguntarle si Irene y Joel estaban bien. Me comentó que si, que no me preocupara. Me preguntó “¿quieres hacer el piel con piel?” Vamos, y tanto!! Entonces el doctor habilita la sala con unas cortinas y en menos tiempo de lo que tardé en desabrocharme el pijama azul ya lo tenía entre brazos. Un pequeño gremlin rosadito, blandito y calentito (y 90 adjetivos más acabados en “-ito”) Lo puse pecho con pecho para darle calor. Que momento más bonito. Aquí volvió a aparecer Einstein porque 25 minutos más tarde (que a mi me pareció 1) vino un pediatra y me explicó que Irene había tenido un poco de fiebre durante el parto y como el niño había salido con una respiración un poco agitada, debían mirarlo no vaya a ser que tuviera alguna infección. Qué rápido había acabado esto, con lo agustito que estábamos.

                Se lo llevan y al momento sale Irene con una cara entre dolorida, cansada y feliz. Mira que nos cuesta separarnos, y si lo hacemos el reencuentro siempre es bonito, pero esta vez fue otro nivel. Con todo lo que habíamos pasado y ya se acabó. Joel salió y estaba bien. Irene yonki por los medicamentos pero también genial. En esas que vuelve el pediatra de examinarlo. Dice que está todo bien, pero se tendrá que quedar en neonatos hasta que salgan los resultados de análisis y cultivos que le van a hacer para descartar cualquier cosa. Lo traen con nosotros y se lo ponen a Irene encima. Es el primer momento que estamos los 3 juntos. No llora, está tranquilo. Pero nosotros si lloramos.

                Los médicos nos dicen que era normal que no hubiera podido parirlo vaginalmente. Fueron 55’5cm de largo y 4’480kg de peso. Un pedazo de morlaco estaba dentro del cuerpo pequeño de Irene. Hasta a ellos le costó sacarlo por cesárea. Pero ya nada importaba. Todos estaban bien y en ese momento me cayó como una losa todo el cansancio. Me vino de golpe. Era el momento de la tranquilidad, al ver que todo había salido correctamente, cuando respiré y me agoté. Pero no importaba. Ya nada importaba, ni importará el resto de mi vida, más que las dos personas que en ese momento habían en la cama. Ahora mi mundo gira alrededor de Irene y Joel, sin que exista el cansancio, el no me apetece o el estoy agobiado. Ya no hay excusa ni quejas. Es empezar de 0, siendo una persona nueva, con nuevos objetivos y prioridades. Y nací cuando nació el renacuajo que tenía Irene enganchado al pecho. Me reencarné en mi mismo el 14 de Noviembre de 2014 a las 19:34h, para ser mejor persona y espero que un gran padre.


                Que así sea!!

Good Luck!!

1 de set. 2014

Hiper-jornadas

Hoy es el último día de esta semana donde he batido todos los records de horas trabajadas. Me consuela saber que en un periodo relativamente corto de tiempo, cambiaré estas horas para sumarlas a las que tengo por ley por paternidad y por los días que me he guardado de vacaciones.

Empezó todo con una proposición, ya que yo desde siempre he dicho en el centro donde trabajo, que si hago suplencias son para cobrarlas, no los cambiaba por días. La situación en los centros de menores, así como en cualquier ámbito ya sea social, sanitario y/o educativo es peor que precaria. Subvenciones que no llegan, dinero mal repartido, recortes con fundamentos exclusivamente políticos, ... Por lo tanto, nuestro lugar de trabajo no es la excepción. Así que pensando, vi la manera de ayudar al centro y poder tener alguna ventaja de esta ayuda, y vi la posibilidad de hacer suplencias a cambio de días cuando nazca Joel. Y aceptaron.

Esto hizo que haya pasado un verano muy intenso a nivel laboral. Solo una semana de vacaciones (por aquello de desestresarme, viajar con la familia, ...) y el resto a trabajar. Además trabajando bajo mínimos (pocos educadores, desorganización,...) y con más problemas de los cotidianos (brotes psicóticos, ingresos en hospitales, etc...) En fin, todo un verano complicado, pero como siempre mantenemos la sonrisa por estos locos bajitos.

Reduciéndonos a esta precisa semana, la cantidad de horas ha sido descomunal (parece mentira que sea yo el delegado sindical que debe prohibir este tipo de cosas ¬¬) Empecé a trabajar el domingo a las 21h para salir el Lunes a las 7h. El mismo Lunes entro a trabajar a las 14h y salgo de la llar el Martes a las 7h (que hago mi turno de tarde junto al turno de noche de suplencias). El Miércoles y el Jueves lo mismo. 17 horas seguidas non stop; de 14 a 7h. El Viernes podemos hacerlo algo mejor y trabajo de 14 a 9h (ya que el fin de semana se entra a las 9 de la mañana). Sábado de 21 a 9h y Domingo (hoy) de 21 a 7h. Esta es la jornada más corta, pero aún así "déu ni do". En total cuando salga del trabajo a las 7 de la mañana habré hecho unas 120h en 8 días, o lo que es lo mismo, una media de 15 horas diarias. Por si fuera poco, no es que la semana que entra tenga fiesta y pueda descansar, sino que tengo mi horario normal de 8 horas que haré de Lunes a Viernes. Así que lo que empecé un Domingo 24 de Agosto, lo acabaré para poder descansar el Viernes 5 de Septiembre (siempre digo 8 horas aunque en verdad son 7,5 porque hacemos de 14:30 a 22, pero jamás entro a la media, sino que llego a las 14 para poder hacer un buen traspaso con el/la compañero/a de la mañana)

Aún así y después de esta "gesta", estoy contento por haber hecho tal locura ya que en el momento que nazca mi vástago podré pasar bastante tiempo con él y con Irene, ayudando en todo lo que pueda/sepa para minimizar los esfuerzos de la parturienta, que bastante se lo ha currado ya durante 9 meses.

Good Luck!!

25 d’ag. 2014

Baby is Coming

El día se acerca....

No se sabe cuándo será exactamente, pero de llegar, llegará. Cómo lo aguardamos? Con ilusión, algo de miedo, alegría y preocupación. Una buena mezcla de emociones contradictorias algunas, que hacen que sobretodo, estemos alerta. Lo haremos bien? Dolerá? Nos querrá? Será buen? Tendremos que llamar a Hermano Mayor?... Un cúmulo de preguntas sin respuesta nos atormenta a diario, con la única seguridad que el tiempo nos dará tales respuestas.

Hasta la fecha parece que lo llevamos bien. Estamos cumpliendo los plazos prácticamente de manera protocolaria. Revisiones? Hechas. Habitación? Montada. Descarga de libros para inútiles? Dentro del e-book. Todo parece estar en orden y viento en popa, pero han habido momentos difíciles. Por ejemplo:

Decisión de buscarlo sin prisa pero sin pausa. A la primera parece que si. Da negativo. Irene se envalentona y deja un trabajo precario, en unas condiciones lamentables para buscarse la vida nuevamente. Lo consigue en seguida en otros dos sitios. Nueva prueba, esta vez positiva. El anterior fue un falso negativo. Empieza el embarazo. Nervios por el trabajo nuevo sumado al malestar normal en las embarazadas; vómitos constantes. Al final habla con los dos trabajos y los deja para poder centrarse en su embarazo. Parece que todo vuelve a ir bien. Y llegan los agobios. Dónde viviremos? Qué es un maxi cosi? Qué cosas tenemos que llevar en el hospital? Qué trámites habrá que hacer cuando nazca? Qué es un maxi cosi? Nos tenemos que casar? Empadronar juntos? Cómo lo llamaremos? QUÉ COJONES ES UN MAXI COSI?.....

Hasta la primera ecografía solo había seguridad en que la menstruación no volvía, sentía algunos cambios internos, pero poco más. Yo para quitarle hierro al asunto y darle un toque de humor le decía que eran gases o quizá un embarazo psicológico, como el de las perras (si es que soy tan gracioso) Pero entonces llegó el momento en que la doctora pringa el estómago de Irene de un líquido viscoso y frío, le apoya un escaner del código de barras del Condis en la barriga y sucede.... En la pantalla aparece la imágen de un pequeño alien con una nariz preciosa, y en nuestros oídos el sonido más maravilloso del mundo: su corazón (a toda ostia, eso si) Ahí se nos fue cualquier miedo a no tener respuesta a las preguntas que nos formulábamos, desapareció el temor de los "y si" tantas veces repetidos (y si no hubiera dejado el anterior trabajo, y si no sabremos cuidarlo, y si nunca llego a saber qué es un maxi cosi, ...)

Después de eso, todo ha sido coser y cantar (más cantar que coser, porque las cosas las hemos comprado ya cosidas) Recopilación de elementos básicos para cuando venga, compra de los muebles (con su respectivo montaje) y demás visitas a la doctora. Ha sido un niño? Pues genial (aunque sinceramente me daba absolutamente lo mismo, siempre y cuando viniera sano/a. Demasiado tiempo trabajando en centros con menores con discapacidad hacen que te plantees que la estadística no son solo números que les pasan a los demás) Nos empapamos de mil tutoriales de cómo hacer aquello o lo otro. El miedo va desapareciendo para dejar paso a la ilusión y la emoción de saber cómo será, o cuánto nos reiremos juntos.

Supongo que esto mismo le pasa a todos los primerizos. Nadie quiere hacerlo mal, y de ahí que algo que genera tanta responsabilidad a su vez te desborde por la cantidad de información que se tiene que recopilar. Pero el ser humano lleva 4 millones de años desde los primeros homínidos y muchos más antes de la separación entre los diferentes primates, y todos han tenido descendencia. Es algo que llevamos en el código genético, así que quizá tenga que preocuparme menos y disfrutarlo más. Eso es lo que haré.

Empezaré simplemente por decir: Joel, aún no has nacido pero tu mamá y tu papá, ya te quieren con locura.

P.D: el puto maxi cosi no es más que un cesto para llevar al niño semi-acostado, un poco elevado para que pueda ver el mundo. Eso se engancha al coche, al carrito, etc... Y hay mil opiniones sobre si es malo (por la posición de la espalda), si es bueno (obtiene un sin fin de estímulos), etc... Cuanto misterio por un cesto para llevar patatas.

Good Luck!!!