13 de nov. 2015

El Parto

Hoy hace un año que nació nuestro pequeñajo. Un año intenso, lleno de emociones, noches sin dormir y muchísima felicidad. Y para emociones las vividas hace 365 días, que en su momento registré y hoy las pongo de forma pública. Todo está escrito desde mi nerviosismo, y sobretodo, desde mi punto de vista. Ahí va:

Miércoles 12 de Octubre. Visita rutinaria en Can Ruti al ya haber cumplido el plazo previsto de parto. Nos hacen la revisión estándar, que consiste en 20 minutos de corras con como máximo 2 contracciones, un tacto para saber cuánto está dilatado el cuello del útero (nada y menos. 1cm) y ecografía para ver cómo está de líquido amniótico, cómo le llega el riego de sangre al cordón y cómo se encuentra el bebé. Todo perfecto. Joel no sale porque está muy a gusto y no lo necesita. Nos dijeron que si no había parto natural nos lo tendrían que provocar, dándonos el Lunes 17 como fecha tope. Hablando con la ginecóloga le comentamos que si está tan bien, y nos van a provocar el parto, si no lo pueden hacer antes. La mujer pone rostro pensativo, marcha 1 minuto de la sala de ecografías diciendo “ahora vengo” y 59 segundos después asoma la cabeza por la puerta y pregunta “¿Qué hacéis mañana?” Contestamos de forma inconsciente con un hilillo de voz “perfecto”. Con esta respuesta nos programa visita para el Jueves 13 a las 8:30, por lo que nos toca pasar todo el día con los nervios de que ya mañana ingresamos en el hospital.

                Sinceramente no ha sido el mejor Miércoles de nuestras vidas. Acongojados por la inminencia del parto, no somos capaces de pegar ojo en la siesta (y eso que estábamos realmente cansados)

                Haciendo un pequeño punto y aparte, este nerviosismo hace aflorar mi gran capacidad comerciante, y cerré en menos de 5 minutos los futuros seguros del coche y de las dos motos, dejándolos en un montante de 560€ por los 3 vehículos, con unas coberturas más completas de las que jamás he tenido.

                Ya volviendo al tema que realmente nos ocupa. Las horas iban pasando muy lentamente. Aprovechamos para subir a casa de mi abuela a recoger unos regalos que nos había mandado su hermana Gloria (de las Navas de San Juan). Era un conjuntito para Joel: jersey, manoplas y gorro al estilo mujeres del lejano oeste. En realidad era una currada, muy bonito (si estuviéramos en la I República), pero no pertenecía a esta época. Aún así creo que le podremos sacar algo de partido y usar el jersey con unos tejanitos. Quedará muy chuleta. También nos pasamos por casa de mi tía Nuri donde nos encontramos otro presente, otra prenda de ropa. Pero éstas ya de este siglo. Un pantalón y camiseta chulísimos y un anorak precioso para ir a la nieve. Aún no ha nacido y ya está hecho un montañista. Ya en casa, cenamos lo que pudimos y fuimos pronto a la cama con la intención de descansar más. Qué ilusos. Mirando al techo hasta que nos rendimos a nuestros nervios y decidimos (más bien lo hago yo) poner un partido de la NBA. Al menos  a Irene le sirve para aburrirse y se duerme. Vamos, que en total habremos dormido 2 o 3 horas como mucho.

                A las 7h. suena el despertador. Es hora de levantarse. Como siempre nos levantamos de buen humor, pero esta vez con esa sonrisa inquieta similar al despertar previo de irse de viaje, aunque un poco más profunda. Hacemos un gran acicalamiento, nos vestimos, y sin desayunar (orden expresa de la ginecóloga) marchamos a Can Ruti. Nuevamente una odisea para aparcar(a ver si el parking lo suben 2 o 3 plantas para que no haya estos problemas). Logramos dejarlo bien aparcado y entramos en maternidad. Recogen datos y nos hacen pasar a urgencias, donde le realizan una exploración. En ésta, pierde el tapón mucoso (eso en principio es buena señal). Le hacen ducharse y pasar a un box, mientras yo tengo que dejar mi ropa y ponerme un  pijama anti-ébola azul para no contaminar las zonas estériles del lugar. El box es una habitación chiquitita, cerrada por una cortina donde hay muy poquita cosa: una cama, varias máquinas que hacen “Pii” (entre ellas la de los monitores) y una silla para el acompañante. Estamos en la número 8. No es que sea importante el cómo es o el número en cuestión, pero pasamos tantas horas ahí dentro que forma parte vital de la experiencia del parto. Ahí dentro es donde monitorizan a Irene y le ponen el Propess (medicamento hormonal). Se llega a dormir debido a pasarnos la noche anterior en vela. Mientras, yo estoy ahí como un papanatas sin poder hacer absolutamente nada y en un papel tan secundario que podría definirse como figurante. La cosa no avanza y parece que va para muy largo. Salgo a ver a mi madre que lleva en la sala de espera un par de horas. Me ha traído un bocadillo de jamón. Que buena es mamá. Le comento que nos lo debemos tomar con mucha filosofía, porque la cosa está estancada. Vuelvo dentro y más horas de monitores, juegos con la pelotita pélvica y sueño eterno.

                A las 14h. dicen que en 1 hora le volverán a hacer un tacto para ver cómo está, y depende el diagnóstico, podrá comer (por culpa de la ginecóloga de ayer, ha estado pasando hambre de forma innecesaria) Yo aprovecho esa hora que le dan de margen para irme a la cafetería del hospital y meterme entre pecho y espalda un menú de 8€: fideuá, pollo y yogurt de La Fageda, más café con leche. Ahora si puedo afrontar más horas de espera. Nuevamente vuelta para dentro. Con esto, cada vez que salía del box tenía que quitarme el pijama azul, guardarlo en mi taquilla y ponerme mi ropa. Vaya jaleo, porque justo he decidido ponerme las bambas que más tardo en atar y desatar. Tanto que la última vez pensé “ya que me obligan a ponerme los patucos verdes, voy sin bambas solo con ellos puestos y así no tardo tanto” Joder, no he dado ni 10 pasos cuando un celador me llama la atención para que me ponga las bambas. Por lo visto es preferible ir con bambas y patucos, corriendo el riesgo de que éstas hayan pisado una mierda, a que vaya con los patucos y calcetines. En fin, las normas son las normas, y no me parecía tan opresivo como para aplicar la desobediencia civil.

                Pasamos otro rato de monitoraje (la relación de tiempo cuando digo “otro rato” comprende la franja horaria entre 2 y 6 horas, aunque el hastío es el mismo para ambas) y nos comenta la comadrona que como está tan verde, sería mejor que siguiéramos la evolución en una habitación de planta. Esa idea sí que nos atrae más, ya que yo tendría un asiento mejor, estaríamos más tranquilos (se me ha olvidado decir que en una de las etapas del box, en el cubículo de al lado, había una mujer que o no le hacía efecto le peridural o necesitaba una dosis de elefante. Sufría unos dolores que la oíamos gritar y lamentarse sin parar, pasando del leve quejido “Ay!, Ay!” a hablar alguna lengua muerta y con voz gutural mientras su cabeza giraba. Bueno, esto último me lo he inventado, pero era el escenario más plausible) Al fin llegan con una silla de ruedas y la suben a la habitación 2405 donde nos instalaremos (yo tengo que seguir el protocolo de quitarme el pijama anti-ébola, ponerme mi ropa y subir los bártulos a la habitación) La verdad es que se nota la diferencia entre un sitio y otro. Aquí lo primero que hacemos es coger las dos butacas, poner la mesa en medio y sacar las cartas. Anda que hemos tardado! Encima podemos recibir visitas, así que cuando Jose tiene que venir a por el justificante para la empresa, se sube a Lola y Pepe para que vean a Irene. Nos quedamos juntos hasta las 21h, ya que volvemos a bajar a nuestro “hogar”, el box de dilatación. Más correas, más tactos, más pelota, …

                No sé si ponerlo en un punto y aparte o ir recordándolo en cada momento, pero al revisar y ver que no lo he hecho, lo escribo ahora. Personal de Can Ruti: Cuántas personas pueden pasar por nuestro parto? Ginecólogos, comadronas, enfermeras, auxiliares, celadores, limpieza, administración, … Generalmente escuchamos la frase “ojalá te toque al ginecólogo X, es un amor”, “o la comadrona Y, es muy maja”, … Habremos conocido como 10 ginecólogos distintos, todos los turnos posibles (mañana-tarde-noche-fin de semana) y de verdad nosotros no podríamos desear que te toque ninguno en particular. Solo podemos decir “vente a Can Ruti”. El personal de aquí debería cobrar 3 veces más que el resto, ya que la alegría, la atención, el trato y el cariño recibido debe estar compensado económicamente con creces. Sino no se explica. Bueno si, siendo unos profesionales como la copa de un pino y a parte muy humanos y empáticos. Da rabia pensar que quizá esa enfermera que le deseó suerte a Irene después de mirarla y darle un beso o aquél ginecólogo que estuvo ante todas nuestras dudas con una sonrisa, comprensión y palabras dulces, quizá aún les deban la extra de verano o un 25% de su nómina todos los meses por culpa de incompetentes políticos que solo son capaces de mirar 4 años vista y con los ojos puestos en un beneficio personal. No, estos políticos no se merecen la sanidad y los profesionales que tenemos. Sacan pecho de lo bien que va después de cerrar una planta e incluso hospitales, no invertir en investigación y un larguísimo etcétera. No me quiero extender más (ya lo haré en otro momento con datos concretos) y me centraré en lo que nos ha pasado. Simplemente resumiré esto en un 10 para los profesionales de partos de Can Ruti.

                Lo dicho, hora y media más en el box (que con la tontería ya eran las 22:30. Llevábamos 14 horas en el hospital de las cuales 0 eran de parto. Todo era trabajo pre-parto) En ese rato sí que se hizo un gran trabajo a nivel de contracciones, tanto como para valorar quedarse ya y empezar el trabajo de parto, pero como la dilatación era poca (no pasaban 2 dedos aún) deciden que volvamos a planta a seguir con las contracciones ahí tranquilamente, cenemos y descansemos. Mañana será un día duro. Añadir que al finalizar el día, uno de los ángeles con bata blanca le trajo a Irene una manta eléctrica, y el nivel de alivio fue sublime. Se le descontracturó la espalda y como mínimo pudo respirar. Así Irene pudo dormir un poco y descansar porque el día siguiente sería más largo, más duro y sobretodo, más importante.

                Nos despiertan (si si, nos despiertan, porque llegamos a dormirnos un buen rato. El cuerpo, que es sabio, decidió descansar al saber lo que le esperaba) y volvemos a bajar al box de dilatación. Le ponen los monitores para seguir controlando las constantes de Joel y el nivel y número de contracciones. Después de un primer tacto si nada nuevo al frente, los médicos deciden romper la bolsa, que por lo visto tiene las mismas hormonas que el Propess (el medicamento que le introdujeron el primer día) Largo rato de espera y parece que va haciendo efecto. Una contracción, otra, ésta con más dolor, otra más, … Parece que el trabajo de parto ha empezado. Cada vez le duelen más, las horas pasan eternas. Hay un momento que son tan fuertes que deciden ponerle la epidural. No es la walkinperi esa que puedes andar y bailar flamenco, pero sí te puedes mover, hacer fuerza, etc.. Ya no son como antes que era una anestesia local y se te dormía toda la zona. Ahora sientes una presión, pero desaparece el dolor. Es genial. En estas cosas es donde se tiene que invertir el dinero y no en “Ciutat de las Arts” de Valencia que se convierte en edificaciones abandonadas, aeropuertos fantasma como el de Castellón o en plazas de toros (ya no hablemos el que se llevan calentito a Suiza, que me enciendo) La cosa avanza muy pero que muy bien. En el último tacto pasó de 2cm de dilatación a 7cm. Joder, ya podían haber roto la bolsa ayer, que es mucho más efectivo que el Propess (y no te creas que es mucho menos invasivo, porque cada vez que se le salía, se lo metían hacia dentro y casi se lo atan a la campanilla) Los médicos están esperanzados porque en el nuevo tacto está de 9cm. Creen que en breve Joel se moverá para tirar hacia delante. Y tuvieron razón. Joel se movía, se agitaba, y se encajó de tal manera que pinzaba la cadera de Irene tan fuerte que le hacía llorar de dolor a la pobrecica. Ella no podía más. Eran las 18h de la tarde. Estaba pasando mucho dolor, porque entre las contracciones, la espalda y la cadera no se podía mover ni estar quieta. Sus súplicas y llantos de “no puedo más” me destrozaban el alma. Es una sensación de impotencia total, al ver sufrir a quien más quieres sin poder hacer absolutamente nada. Solo podía calmarla, decirle que era normal que le doliera, pero que ella era muy fuerte y lo podía aguantar (cosa cierta porque me decía “he llegado a mi límite” y seguía así sin calmantes ni nada 2, 3, 4 horas…) Nuevo tacto. Tenía ya toda la zona infladísima, llena de dolores. Los médicos cuchichean entre ellos. Eso no me gusta nada, que medio comenten algo y le haga una señal de “hablemos fuera”, solo hace que se me salga el corazón por la boca. Pero claro, no me puedo ir a ver qué pasa. Irene me tiene enganchado por la mano y ella me necesita. Yo sigo ahí, sin dolores pero con una sensación intensa durísima. Al final vuelven y nos comentan que Joel viene muy grande. Pero muy grande de verdad, y está puesto de tal manera que no va a caber por el canal de parto. Le dicen a Irene si es capaz de aguantar ¾ de hora más para hacer una nueva valoración, por si ha evolucionado, sino habrá que hacer cesárea. Mira, que quieres que te diga, es cierto que al principio queríamos un parto natural. Sabemos que debe ser así y que generación tras generación los han parido y a las pruebas que aquí estamos me remito, pero entre que ya no era natural porque Joel no quería salir y se lo indujeron, los dolores eran tan fuertes que le pusieron la epidural, etc… la idea de la cesárea fue casi un alivio. Es cierto que es una operación, pero ya está sufriendo mucho y si dicen que es tan grande que va a tener problemas (más) para salir, pues adelante. Media hora más tarde (Irene aguantando como una jabata) llega un señor mayor y bajito, rollo Fullet Tortuga, que era el jefe de ginecólogos de Can Ruti. Él debía valorar si se hacía cesárea o no, y al hacerle el tacto (medio segundo tardó) dijo: “Si, lleváosla que le hago la cesárea” Menos mal. Le ponen más drogaina de la buena y se la llevan a quirófano, donde yo no puedo entrar.

                A mi me dejan en una sala a la espera de ver cómo va todo. No me podía ni sentar de los nervios. Veía pasar doctores para dentro, doctores para fuera, pero no me decían nada. Se hizo eterno. Y eso que solo fueron 15 minutos. El cuarto de hora más largo de toda mi vida. Cuánta razón tenía Einstein al decir que el tiempo era relativo. Yo creo que su teoría de la relatividad la descubrió mientras su mujer estaba de parto. Cada minuto eran 60 segundos de angustia y preocupación. Hasta que lo oí. De repente dejé de escuchar a la gente que había a los lados, las máquinas y a mi propio corazón. Mis sentidos solo estaban pendientes de aquél llanto. Es muy curioso pero a nadie le gusta el llanto de un bebé (y si a alguien le gusta es que es un monstruo), pero precisamente “ese” llanto es el que más feliz te hace. Salió uno de los médicos y me dijo “¿lo escuchas? Enhorabuena papi” Yo solo podía preguntarle si Irene y Joel estaban bien. Me comentó que si, que no me preocupara. Me preguntó “¿quieres hacer el piel con piel?” Vamos, y tanto!! Entonces el doctor habilita la sala con unas cortinas y en menos tiempo de lo que tardé en desabrocharme el pijama azul ya lo tenía entre brazos. Un pequeño gremlin rosadito, blandito y calentito (y 90 adjetivos más acabados en “-ito”) Lo puse pecho con pecho para darle calor. Que momento más bonito. Aquí volvió a aparecer Einstein porque 25 minutos más tarde (que a mi me pareció 1) vino un pediatra y me explicó que Irene había tenido un poco de fiebre durante el parto y como el niño había salido con una respiración un poco agitada, debían mirarlo no vaya a ser que tuviera alguna infección. Qué rápido había acabado esto, con lo agustito que estábamos.

                Se lo llevan y al momento sale Irene con una cara entre dolorida, cansada y feliz. Mira que nos cuesta separarnos, y si lo hacemos el reencuentro siempre es bonito, pero esta vez fue otro nivel. Con todo lo que habíamos pasado y ya se acabó. Joel salió y estaba bien. Irene yonki por los medicamentos pero también genial. En esas que vuelve el pediatra de examinarlo. Dice que está todo bien, pero se tendrá que quedar en neonatos hasta que salgan los resultados de análisis y cultivos que le van a hacer para descartar cualquier cosa. Lo traen con nosotros y se lo ponen a Irene encima. Es el primer momento que estamos los 3 juntos. No llora, está tranquilo. Pero nosotros si lloramos.

                Los médicos nos dicen que era normal que no hubiera podido parirlo vaginalmente. Fueron 55’5cm de largo y 4’480kg de peso. Un pedazo de morlaco estaba dentro del cuerpo pequeño de Irene. Hasta a ellos le costó sacarlo por cesárea. Pero ya nada importaba. Todos estaban bien y en ese momento me cayó como una losa todo el cansancio. Me vino de golpe. Era el momento de la tranquilidad, al ver que todo había salido correctamente, cuando respiré y me agoté. Pero no importaba. Ya nada importaba, ni importará el resto de mi vida, más que las dos personas que en ese momento habían en la cama. Ahora mi mundo gira alrededor de Irene y Joel, sin que exista el cansancio, el no me apetece o el estoy agobiado. Ya no hay excusa ni quejas. Es empezar de 0, siendo una persona nueva, con nuevos objetivos y prioridades. Y nací cuando nació el renacuajo que tenía Irene enganchado al pecho. Me reencarné en mi mismo el 14 de Noviembre de 2014 a las 19:34h, para ser mejor persona y espero que un gran padre.


                Que así sea!!

Good Luck!!

1 de set. 2014

Hiper-jornadas

Hoy es el último día de esta semana donde he batido todos los records de horas trabajadas. Me consuela saber que en un periodo relativamente corto de tiempo, cambiaré estas horas para sumarlas a las que tengo por ley por paternidad y por los días que me he guardado de vacaciones.

Empezó todo con una proposición, ya que yo desde siempre he dicho en el centro donde trabajo, que si hago suplencias son para cobrarlas, no los cambiaba por días. La situación en los centros de menores, así como en cualquier ámbito ya sea social, sanitario y/o educativo es peor que precaria. Subvenciones que no llegan, dinero mal repartido, recortes con fundamentos exclusivamente políticos, ... Por lo tanto, nuestro lugar de trabajo no es la excepción. Así que pensando, vi la manera de ayudar al centro y poder tener alguna ventaja de esta ayuda, y vi la posibilidad de hacer suplencias a cambio de días cuando nazca Joel. Y aceptaron.

Esto hizo que haya pasado un verano muy intenso a nivel laboral. Solo una semana de vacaciones (por aquello de desestresarme, viajar con la familia, ...) y el resto a trabajar. Además trabajando bajo mínimos (pocos educadores, desorganización,...) y con más problemas de los cotidianos (brotes psicóticos, ingresos en hospitales, etc...) En fin, todo un verano complicado, pero como siempre mantenemos la sonrisa por estos locos bajitos.

Reduciéndonos a esta precisa semana, la cantidad de horas ha sido descomunal (parece mentira que sea yo el delegado sindical que debe prohibir este tipo de cosas ¬¬) Empecé a trabajar el domingo a las 21h para salir el Lunes a las 7h. El mismo Lunes entro a trabajar a las 14h y salgo de la llar el Martes a las 7h (que hago mi turno de tarde junto al turno de noche de suplencias). El Miércoles y el Jueves lo mismo. 17 horas seguidas non stop; de 14 a 7h. El Viernes podemos hacerlo algo mejor y trabajo de 14 a 9h (ya que el fin de semana se entra a las 9 de la mañana). Sábado de 21 a 9h y Domingo (hoy) de 21 a 7h. Esta es la jornada más corta, pero aún así "déu ni do". En total cuando salga del trabajo a las 7 de la mañana habré hecho unas 120h en 8 días, o lo que es lo mismo, una media de 15 horas diarias. Por si fuera poco, no es que la semana que entra tenga fiesta y pueda descansar, sino que tengo mi horario normal de 8 horas que haré de Lunes a Viernes. Así que lo que empecé un Domingo 24 de Agosto, lo acabaré para poder descansar el Viernes 5 de Septiembre (siempre digo 8 horas aunque en verdad son 7,5 porque hacemos de 14:30 a 22, pero jamás entro a la media, sino que llego a las 14 para poder hacer un buen traspaso con el/la compañero/a de la mañana)

Aún así y después de esta "gesta", estoy contento por haber hecho tal locura ya que en el momento que nazca mi vástago podré pasar bastante tiempo con él y con Irene, ayudando en todo lo que pueda/sepa para minimizar los esfuerzos de la parturienta, que bastante se lo ha currado ya durante 9 meses.

Good Luck!!

25 d’ag. 2014

Baby is Coming

El día se acerca....

No se sabe cuándo será exactamente, pero de llegar, llegará. Cómo lo aguardamos? Con ilusión, algo de miedo, alegría y preocupación. Una buena mezcla de emociones contradictorias algunas, que hacen que sobretodo, estemos alerta. Lo haremos bien? Dolerá? Nos querrá? Será buen? Tendremos que llamar a Hermano Mayor?... Un cúmulo de preguntas sin respuesta nos atormenta a diario, con la única seguridad que el tiempo nos dará tales respuestas.

Hasta la fecha parece que lo llevamos bien. Estamos cumpliendo los plazos prácticamente de manera protocolaria. Revisiones? Hechas. Habitación? Montada. Descarga de libros para inútiles? Dentro del e-book. Todo parece estar en orden y viento en popa, pero han habido momentos difíciles. Por ejemplo:

Decisión de buscarlo sin prisa pero sin pausa. A la primera parece que si. Da negativo. Irene se envalentona y deja un trabajo precario, en unas condiciones lamentables para buscarse la vida nuevamente. Lo consigue en seguida en otros dos sitios. Nueva prueba, esta vez positiva. El anterior fue un falso negativo. Empieza el embarazo. Nervios por el trabajo nuevo sumado al malestar normal en las embarazadas; vómitos constantes. Al final habla con los dos trabajos y los deja para poder centrarse en su embarazo. Parece que todo vuelve a ir bien. Y llegan los agobios. Dónde viviremos? Qué es un maxi cosi? Qué cosas tenemos que llevar en el hospital? Qué trámites habrá que hacer cuando nazca? Qué es un maxi cosi? Nos tenemos que casar? Empadronar juntos? Cómo lo llamaremos? QUÉ COJONES ES UN MAXI COSI?.....

Hasta la primera ecografía solo había seguridad en que la menstruación no volvía, sentía algunos cambios internos, pero poco más. Yo para quitarle hierro al asunto y darle un toque de humor le decía que eran gases o quizá un embarazo psicológico, como el de las perras (si es que soy tan gracioso) Pero entonces llegó el momento en que la doctora pringa el estómago de Irene de un líquido viscoso y frío, le apoya un escaner del código de barras del Condis en la barriga y sucede.... En la pantalla aparece la imágen de un pequeño alien con una nariz preciosa, y en nuestros oídos el sonido más maravilloso del mundo: su corazón (a toda ostia, eso si) Ahí se nos fue cualquier miedo a no tener respuesta a las preguntas que nos formulábamos, desapareció el temor de los "y si" tantas veces repetidos (y si no hubiera dejado el anterior trabajo, y si no sabremos cuidarlo, y si nunca llego a saber qué es un maxi cosi, ...)

Después de eso, todo ha sido coser y cantar (más cantar que coser, porque las cosas las hemos comprado ya cosidas) Recopilación de elementos básicos para cuando venga, compra de los muebles (con su respectivo montaje) y demás visitas a la doctora. Ha sido un niño? Pues genial (aunque sinceramente me daba absolutamente lo mismo, siempre y cuando viniera sano/a. Demasiado tiempo trabajando en centros con menores con discapacidad hacen que te plantees que la estadística no son solo números que les pasan a los demás) Nos empapamos de mil tutoriales de cómo hacer aquello o lo otro. El miedo va desapareciendo para dejar paso a la ilusión y la emoción de saber cómo será, o cuánto nos reiremos juntos.

Supongo que esto mismo le pasa a todos los primerizos. Nadie quiere hacerlo mal, y de ahí que algo que genera tanta responsabilidad a su vez te desborde por la cantidad de información que se tiene que recopilar. Pero el ser humano lleva 4 millones de años desde los primeros homínidos y muchos más antes de la separación entre los diferentes primates, y todos han tenido descendencia. Es algo que llevamos en el código genético, así que quizá tenga que preocuparme menos y disfrutarlo más. Eso es lo que haré.

Empezaré simplemente por decir: Joel, aún no has nacido pero tu mamá y tu papá, ya te quieren con locura.

P.D: el puto maxi cosi no es más que un cesto para llevar al niño semi-acostado, un poco elevado para que pueda ver el mundo. Eso se engancha al coche, al carrito, etc... Y hay mil opiniones sobre si es malo (por la posición de la espalda), si es bueno (obtiene un sin fin de estímulos), etc... Cuanto misterio por un cesto para llevar patatas.

Good Luck!!!

Mala pata

Hace un tiempo hablé de una lesión que me hice en la rodilla. La recordaré: mediados de Diciembre de 2013, el hombre contra la puerta (men vs door) Ganó ella. Luxación de rótula = 6 semanas con una escayola (nivel de molestia 96), 4 meses de rehabilitación y un "plan de entrenamiento" (es decir, no hacer el cabra y realizar deporte de forma más o menos moderada)

Pues bien, estamos en Agosto, llevo varios meses yendo en bici al trabajo (24 km diarios), jugando a fútbol sin problemas, y un largo etcétera de idas y venidas con mi rodilla, hasta que el martes pasado se me vuelve a salir la rótula. El gesto? un simple cambio de dirección andando.

La pregunta más importante hoy en día no es "cómo se cura el ébola?", sino "qué cojones le pasa a mi rodilla?" No es normal de por si que la rótula se salga, pero a mí ya me ha pasado dos veces (si bien es cierto que me dijeron que un 33% de los luxados vuelven a recaer) Ahora qué debo hacer?

Fui al hospital, me pusieron una venda molona a la espera que el traumatólogo del CAP me hiciera un estudio para determinar porqué se sale y qué debemos hacer (tirar de kinesiotape, operar, ...) y que me dicen en el cap? Que llame en Septiembre a ver si está mi doctora de cabecera. Manda huevos. Al final Irene fue y le dijeron que ya el Martes o así me llamarían para ir directamente con el trauma. Hacemos una porra a ver qué día me dan cita? Yo dudo que antes de Septiembre, tal y como está la cosa. Pero mientras tanto, qué hago? Me dejo la venda de Can Ruti eternamente? Le digo a Irene que me la vaya cambiando?

Ahora estoy con un poco de canguele a que me quiten la venda, vaya andando por ahí y se me salga la rótula sin venir a cuento, o lo que es peor, ir conduciendo la furgoneta con los críos del trabajo y que se me luxe provocando un accidente. Sé que parecen casos muy extremos y dificilmente pasarían, pero ya se me ha salido dos veces sin que hiciera nada extraño, así que ya no sé qué decir ni qué pensar.

Esperemos que la próxima vez que vuelva a hablar de mi rodilla, sea para decir que los médicos me han asegurado que estaré bien, que le han puesto un refuerzo de Adamantium y puedo correr los 100m en 8 segundos. Ya os iré informando...

Good Luck!!!

2 d’abr. 2014

Civismo

Según la Wikipedia, el civismo se refiere a las "pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad". Me quedaré con esta acepción porque define muy bien lo que hoy trataré, y sin más dilación doy paso a la historia.

Iba camino a la rehabilitación a las 18h. cuando en medio de la autopista me encuentro con un atasco. No sería noticia si las horas que eran y/o el tramo de autopista fueran distintos, pero aquí no era normal. Poco más adelante veo un coche en el carril central , con los "warnings" y unos triángulos puestos a poca distancia. En el arcén había una mujer llamando por teléfono con cara angustiada. Dejo mi moto detrás de ella y le pregunto si necesita ayuda. Me explica que el coche ha dejado de ir de repente y que le dicen que es por los inyectores (yo, consciente de lo poco que sé de coches, ni me paro a revisar el motor). Le pido a la señora que se suba el coche para quitarlo del medio y que pueda fluir el tráfico con cierta normalidad hasta que venga la grúa. Así lo hace y con bastante esfuerzo (el coche pesaba un huevo) logro sacarlo de ahí y escorarlo lo más que se puede. ¿Cuánta gente creéis que paró a ayudarla? ¿y cuántas la increparon por tener el coche ahí? (como si lo hubiera hecho queriendo, no te jode).

Es increíble lo poco cívica que es la gente. No costaba nada ayudar, y entiendo que cueste arrancarse a hacerlo, pero si ya hay un chaval empujando el coche, echa un cable (precisamente no tengo el tamaño de Robert Baratheon para moverlo solo, aunque vaya por el camino de igualar su barriga) Por lo visto las pautas mínimas son cada día más mínimas, y nos conformamos con actos más pobres y tristes para seguir llamándonos "ciudadanos".

Por cierto, el sábado pasado yendo a cenar a Barcelona, me encontré en el suelo de la calle Aragón un móvil. Lo cogí, fui al restaurante donde iba a cenar y ahí trasteé el teléfono, buscando un número de algún familiar para decirle que lo tenía yo (y porqué no decirlo, cotillear un poco). Al poco llamó un amigo del propietario, acepté la llamada y era el chico del móvil. Le dije que no se preocupara, que le esperaba para dárselo y vino a buscarlo. Me costó muy poco poner contento a ese pollastre, por lo que vuelvo a preguntar ¿cuántos hubieran devuelto el móvil y eso que encima estaba sin bloquear? Quizá los mismos que ayudarían en una avería de coche, se meterían en medio de un grupo que increpa y humilla a un chaval, intercederían al ver violencia de género, .... Por desgracia demasiados pocos.

Good Luck!! (Que la necesitamos)

31 de març 2014

Persistencia

Es de todos conocidos la poca fuerza de voluntad que tengo para hacer cualquier cosa que me suponga una obligación, ya sea por mi salud (dieta), ocio (este blog mismamente) o cualquier otra cosa. En éstas me encuentro ya que la semana pasada me volví a apuntar al gimnasio. Otra actividad que se requiere un esfuerzo, una constancia, etc... La última vez que estuve apuntado fue bastante bien y podríamos decir que iba una media de  días por semanas (para no faltar a la verdad lo reduciremos a semanas que iba de lunes a sábado sin faltar ni uno y otras que no lo pisaba ni para ducharme) Esta vez no sé cómo irá pero de momento (como le suele pasar a personas como yo) he ido todos los días, con lo que quemaré los cartuchos rápidamente y puede ser que esas ganas se desvanezcan. Es muy normal cogerlo todo con muchas ganas para dejarlo al poco.

Esa motivación está condicionada (al menos en mi caso) generalmente por terceras personas. Si, es culpa vuestra (así me siento menos malo xD) Hay cosas que por más que sea una obligación, por más que deba ir todos los días, no me supone un palo ni me da pereza, etc... como puede ser ir a trabajar. Me gusta mi trabajo y me gusta estar rato con mis compañeros de trabajo y con los chicos del centro. No se me hace un mundo por más días seguidos u horas (por si mi jefe me está leyendo No, no voy a trabajar gratis porque me lo pase bien) o ir al cine o las pachangas de los sábados. Porque estoy con vosotros. El problema y la falta de motivación es debida a la soledad. Si hiciera dieta con otra persona, o tuviera que escribir el blog de forma constante para terceros (y como sé que no me lee ni el tato no tengo esa presión), seguramente lo mantendría activo.

Soy una persona muy escéptica y racional, por eso desde siempre que alguien me venía con que somos energía o que nos arraiguemos en la pachamama he soltado algún exabrupto alegando que no está demostrado, que le cuente esas milongas a otros, etc... Pero y si es verdad? Y si en realidad cogemos energías de otros que nos permiten hacer cosas que solos nos costaría un mundo?

Ésta teoría la desarrollaré con más calma en alguna entrada posterior porque puede dar para mucho. Solamente acabar con que espero que alguien se apunte conmigo al gimnasio (Irene ya está apuntada y hemos dicho que iríamos todas las mañanas antes que se vaya a trabajar. Esperemos cumplirlo porque como somos tan iguales podemos hacer el efecto contrario de motivación y quedarnos los dos en la cama desayunando magdalenas) o conseguir de algún modo la energía suficiente para no flaquear. No descarto que esta actitud sea porque no quiero de forma real estar delgado, actualizar el blog o cualquier cosa que dejo a medias, porque si lo dejo de hacer es porque me salen nuevas actividades que le doy más prioridad que la que tienen mis obligaciones. Quizá no sea tanto una cuestión de fuerza de voluntad o persistencia, sino de orden de prioridades. No lo sé, no hay forma científica de medir las prioridades porque son subjetivas. Con lo fácil que sería sacar una pastilla que te de persistencia en los quehaceres cotidianos. Persistencium 2000!!! Ves, ya vuelvo a buscar el camino fácil. Si hubiera alguien a mi lado seguramente hubiera puesto cosas como "no hay que medicarse", "la actitud está dentro de cada uno de nosotros", o alguna mierda de estas. La soledad.... En fin, me voy a rehabilitación que creo (y espero) que este viernes sea el último día y me den el alta de una vez. Así puedo preocuparme de si ir o no ir a un sitio porque estoy desganado.

Good Luck!!

27 de març 2014

SM: 2.- Parte Social

Después de haber resumido muy por encima el funcionamiento del juego, explicaré lo que conlleva jugar a ésto (al menos dentro del grupo donde yo estoy jugando)

Para empezar, se abre un grupo de whatsapp y se incluyen a todos los jugadores. Durante el ingreso de los equipos dentro de la liga privada (y como viene siendo normal dentro de un grupo de amigos) se van viendo los diferentes nombres que les ponen los jugadores a sus equipos, en una gran mayoría haciendo un "homenaje" en forma de broma o chascarrillo. Se marca un precio que cada jugador debe aportar, dentro de una cuenta creada para ello, para costear el evento que tendrá lugar al finalizar la liga regular (más abajo lo comentaré)

Este grupo tiene varias singularidades. Primero que todos (o casi todos) nos conocemos bien por lo que nos podemos permitir el lujo de picarnos entre nosotros sin que nadie se ofenda, creando así una tensión y una competitividad, a veces insana. Aparte tiene varios jueguecitos dentro del mismo grupo, lo que lo hace entretenido, poco montótono y a veces incluso cansino, como puede ser mentir sobre las lesiones de un jugador (para que alguien se lo fiche y peque o por lo contrario no se lo fiche y se salga), mentir sobre los jugadores que cada uno tiene (como había comentado en el post anterior solo se pueden fichar 11 jugadores, pero en el grupo parece que haya gente que juegue con 30), felicitar las paletillas (concepto que más abajo explicaré) sabiendo que ese no se la llevará, entre otros. Quiero hacer mención especial al juego de las escapadas.

En qué consiste "escaparse": El administrador es una especie de alcaide y el resto está en una cárcel. Para poder salirte del grupo tienes que poner los ojos que salen como emoticono del whatsapp. Si durante los siguientes 5 minutos el administrador no te ha pillado (te pone una pistola, una mano obligándote a quedarte o cualquier otra cosa que te haga pensar que te ha cazado) puedes abandonar el grupo, poniendo tu muñeco de fuga (yo tengo un tigre) delante de una estela de humo en señal de velocidad. Ésto es una deshonra para el mismo administrador porque da a entender que no está atento al grupo. Como es imposible estar 24h pendiente del teléfono se le dan ciertos poderes a un co-administrador, que su función es la misma que la del administrador pero con una duración límite de 30 minutos. Si pasado este tiempo el dueño del grupo no ha actuado, los escapistas pueden llevar a cabo su fuga. Este tipo de juego le dan una vida al grupo que era difícil de imaginarse, aunque claro ver un montón de monigotes sin sentido huyendo de la justicia a veces se hace pesado. También se creó la "fuga ultrarápida" que solo podía ser usada una vez a la semana, aunque pocos la usan hoy en día. En fin, cuando te has ido el administrador te tiene que repescar y está prohibido fugarse cuando hay jornada, ya que conllevará una acción disciplinaria que se decidirá en consenso con el resto de jugadores.

Aparte del whatsapp y las burlas porque un jugador que otro tiene lo está haciendo mal hay mucho más. Con el dinero ingresado se hacen una serie de compras par garantizar la diversión del juego el día señalado de la celebración (este año será el 31 de Mayo) Una de las cosas fijas para comprar son unas paletillas de jamón, que se sortearán a los ganadores de cada jornada. En este caso hay 34 jornadas de liga por lo que cogeremos un bingo con las primeras 34 bolas y se sacarán al azar para ver quien le toca. Ésto será antes o después de la cena que hagamos (que aunque suene sorprendente también entra dentro del dinero que habremos puesto al principio), pero antes de ir hacia el restaurante jugaremos un partido entre los miembros del grupo para demostrar que no solo somos seguidores virtuales del basket sino que también podemos dar el pena en una cancha real. Aquí es donde sacamos a escena toda nuestra competitividad y de paso hacemos algo de deporte que falta nos hace a alguno de nosotros. Previamente habremos comprado unas camisetas, inventado unos logos humillantes hacia otros jugadores y un sin fin de marketing que ríete tú de las campañas de Microsoft o Apple. Para acabar la fiesta después de la cena, se seguirán sorteando otros premios menores para regocijo de los participantes, se cumplirán todos los retos/promesas/apuestas que se hayan hecho a lo largo del juego (que suele ser ir en tanga a pedir hielo, cantar o cualquier otra cosa divertida que se nos pueda ocurrir) Se le pone el broche de oro a la temporada saliendo de fiesta todos juntos como una buena familia que somos.

Como veis, la parte del juego en sí es un mero pretexto para juntarnos, hacer el cabra, crear rivalidad, pero sobretodo, hacer que las semanas de trabajo dentro de este mundo gris sean un poco más coloridas porque si algo te saca este grupo no es ni el dinero que cuesta el evento, ni el tiempo que dedicarle para hacer el equipo, ni te saca de quicio al ver que tus jugadores hoy estaban perros y han valorado negativo. Lo que consigue sacarte todos los días de la semana es una sonrisa. Y eso, no hay dinero que lo pague.

Good Luck!!